Siento que fue hace siglos que el hastío de mis dedos se tendió sobre las letras. Quizá, de no haber sido por el sueño de la última noche, un sueño nauseabundo, tan real y pérfido; no estaría ahora en la búsqueda del espacio donde quepo. La palabra. Oh, de haberse tratado de un silencio menos grotesco qué el que tengo en mis entrañas, tal vez habría notado que se desvanecieron todas las campanas que alertaban. En esas horas gélidas no me acompañaban. A veces, en mi empeño por fluir viento, me inmovilizo en espiralejos maltrechos. Ya no sé moldear las horas, los huesos me cantan llantos al oído; hay una ausencia en mi pecho que no entiendo. Me gustaría saber de Dios para inculparlo por mis males y hacer el camino más ligero.
Dejé de escribir, me lo repito una y otra vez. Has dejado ya muchas cosas sobre el camino: amores, sombras, acertijos; pero ahora has irrumpido la batalla, la única que importa; la de saber de ti y vaciarte en el mundo cómo lava de silencio. Quizá aquélla noche mientras dormías, fue extraída la piedra del asombro, de la incoherencia que más habla. Ya no abriré signos de interrogación, sólo esta noche quiero dejar de querer.
Y bien, estoy desquiciada, no paro de pensar, mi cabeza es un torbellino de ideas y dónde quiera que vaya me acompaña la ambivalente caricia de las felicidad triste. También soy un fantasma, que se desaparece en los silencios de los ojos. Soy parte del sueño de algún lobo melancólico, vivo en su mente y aquél se vuelve loco cada noche mientras la luna le cobija. Soy un pequeño espacio entre las hojas y el viento, ese es mi hogar; espeso como la noche, maleable cómo las horas.
Quieres contar los minutos
no tienes tiempo.
Te cansa la belleza de lo perfecto
de lo eterno.
viernes, 28 de marzo de 2014
" La violencia nos abruma extrañamente en ambos casos, ya que lo que ocurre es extraño al orden establecido, al cual se opone esta violencia. Hay en la muerte una indecencia, distinta, sin duda alguna, de aquello que la actividad sexual tiene de incongruente. La muerte se asocia a las lágrimas, del mismo modo que en ocasiones el deseo sexual se asocia a la risa; pero la risa no es, en la medida en que parece serlo, lo opuesto a las lágrimas: tanto el objeto de la risa como el de las lágrimas se relacionan siempre con un tipo de violencia que interrumpe el curso regular, el curso habitual de las cosas. Evidentemente el torbellino sexual no nos hace llorar, pero siempre nos turba, en ocasiones nos trastorna y, una de dos: o nos hace reír o nos envuelve en la violencia del abrazo... es debido a que somos humanos y a que vivimos en la sombría perspectiva de la muerte el que conozcamos la violencia exasperada, la violencia desesperada del erotismo. "
Georges Bataille
Georges Bataille
sábado, 25 de enero de 2014
Tacto
"A algunos lenguajes les falta lo que a otros más les resulta sobrante." Sí, esto es el ir y venir de cada día. De no ser así, si no es por la energía que transmutamos o el deseo resultante del hueco cognitivo de nuestra comprensión, ¿de qué otra manera podríamos siquiera intentar comunicarnos entre entes?
martes, 17 de diciembre de 2013
"El sexo, como pretexto válido para romper con la monotonía;
el sexo-motor; el sexo-ansiedad; la costumbre del sexo, como un hartazgo cualquiera que se volverá lastre;
el sexo colosal, incontenible, frenético, ambiguo como un juego que confunde y luego aclara y vuelve a confundir;
el sexo-simulacro, el sexo-obviedad. El placer, al fin, como un encomio que vaya justo en sentido inverso a lo que se vive." D. S.
La circunstancia del acto del sexo, la seducción; el ritual de cortejo ante una tela delgada de pudor, seda.
El sexo-amor, la cercanía de dos silencios que se encuentran cuál protones de luz, sin camino, sin destino, sin comienzo ni fin.
El fuego transformador y la acción adecuada, comprimida en un suspiro que tan sublime, refiriendome a la volatilidad del suceso;
violenta cualquiera de las normas de la gravedad, cómo estar en un hoyo negro y...
"El poema debe mezclarse con lágrimas, risas, palabras, promesas, escenas, celos, envidia,
todas las variedades del miedo, viajes al extranjero,
caras nuevas, novelas, relatos, sueños, fantasías, música, danza, opio y vino (...)
Sólo el palpito al unísono del sexo y el corazón puede producir el éxtasis" A.N.
Y no sólo eso, si no la lejanía de esos dos cuerpos que se encuentran esp(e)acialmente colisionando, que crean un perfume,
que hacen de la abstracción la cosa más sencilla y bella de explicar, nunca no con palabras.
En el vaivén divagante de las horas en las que nos encontramos aquí, en este solitario mundo, esperando por una caricia en el alma;
dónde, pensamos, al otro lado de algo, alguien se pregunta también por ti; por tus manías, o por tu voz y tu silencio.
No entiendo el amor, podría llamarle, casi, cúmulo de átomos
desplazándose a prisa por el torrente sanguíneo de dos lenguas enlazadas.
Quizás estoy tan en lo correcto pero tan perdida, a causa no de esconderlo; si no sólo por no engrandecerlo con flores.
Me siento cómo escapando de un aparente vórtice dónde en realidad no hay nada, sólo luces, destellos, movimiento y tristeza.
Me atrevo a decir que es el final del túnel; no sólo el fin, si no constelaciones completas de sentimientos, ya que cómo humanos
nos lamentamos siempre de no ser eternos. Entonces, si este torbellino no contiene nada más mágico ni esencial que lo que por sí mismo representa,
¿Cuál es el sentido de buscarlo, de implorarle y desearlo tanto? El vacío.
Miscelánea. Toujours manie sans delire
el sexo-motor; el sexo-ansiedad; la costumbre del sexo, como un hartazgo cualquiera que se volverá lastre;
el sexo colosal, incontenible, frenético, ambiguo como un juego que confunde y luego aclara y vuelve a confundir;
el sexo-simulacro, el sexo-obviedad. El placer, al fin, como un encomio que vaya justo en sentido inverso a lo que se vive." D. S.
La circunstancia del acto del sexo, la seducción; el ritual de cortejo ante una tela delgada de pudor, seda.
El sexo-amor, la cercanía de dos silencios que se encuentran cuál protones de luz, sin camino, sin destino, sin comienzo ni fin.
El fuego transformador y la acción adecuada, comprimida en un suspiro que tan sublime, refiriendome a la volatilidad del suceso;
violenta cualquiera de las normas de la gravedad, cómo estar en un hoyo negro y...
"El poema debe mezclarse con lágrimas, risas, palabras, promesas, escenas, celos, envidia,
todas las variedades del miedo, viajes al extranjero,
caras nuevas, novelas, relatos, sueños, fantasías, música, danza, opio y vino (...)
Sólo el palpito al unísono del sexo y el corazón puede producir el éxtasis" A.N.
Y no sólo eso, si no la lejanía de esos dos cuerpos que se encuentran esp(e)acialmente colisionando, que crean un perfume,
que hacen de la abstracción la cosa más sencilla y bella de explicar, nunca no con palabras.
En el vaivén divagante de las horas en las que nos encontramos aquí, en este solitario mundo, esperando por una caricia en el alma;
dónde, pensamos, al otro lado de algo, alguien se pregunta también por ti; por tus manías, o por tu voz y tu silencio.
No entiendo el amor, podría llamarle, casi, cúmulo de átomos
desplazándose a prisa por el torrente sanguíneo de dos lenguas enlazadas.
Quizás estoy tan en lo correcto pero tan perdida, a causa no de esconderlo; si no sólo por no engrandecerlo con flores.
Me siento cómo escapando de un aparente vórtice dónde en realidad no hay nada, sólo luces, destellos, movimiento y tristeza.
Me atrevo a decir que es el final del túnel; no sólo el fin, si no constelaciones completas de sentimientos, ya que cómo humanos
nos lamentamos siempre de no ser eternos. Entonces, si este torbellino no contiene nada más mágico ni esencial que lo que por sí mismo representa,
¿Cuál es el sentido de buscarlo, de implorarle y desearlo tanto? El vacío.
Miscelánea. Toujours manie sans delire
lunes, 14 de octubre de 2013
Una vuelta en mi eje
Actualmente soy una victima de la trivialidad, se ha tornado nimio lo que pasa fuera de esta habitación oscura, sólo me acompaña la efímera sensación de aproximarme a una respuesta que no busco y un ligero estruendo de ideas galopando hacia la punta de los dedos. Lo que verdaderamente sé, en este momento oblicuo entre mis polos, es qué si mi mente se detiene, de pronto, el mundo será absorbido por sí mismo, para luego desbordarse apenas cómo un breve hilo en la memoria.
Me repito una y otra vez, para no descuidar el contenido, que lo que hago es únicamente un obstinado intento más por atrapar el ahora, exprimirlo en letras y separar las imágenes con algunas palabras inteligibles.
Después de todo, tras lanzar al aire una serie de expectativas, por más fuerte que sea la potencia de arranque; pronto aterrizan los conceptos, y cuando la caída se aproxima, solamente es perenne el precepto del momento en el que la tensión decide estirarse y de ese modo dar impulso de nuevo a la oscilación y continuar la trama, o bien, cuando ciertamente decide romperse y de tal modo terminar con el juego.
Así, tras la caída del sentido, concluye ahora la función de equilibrista: ha cesado mi tenaz intento de mantener en el aire, con el mismo ritmo, la linea continua de nada; sin titubeos.
Al final, aún no acude a este encuentro la respuesta, es por eso que me acostumbro a morir cada hora para despertar de nuevo, ya sea al resplandor o a una nueva incógnita; esperando descifrar la vida un poco, siempre conmigo, desconociendo quién es la que me ve desde el espejo y por qué, si yo de este lado me encuentro fugaz y contenida, condenada a la persistencia itinerante de la duda; aquélla, ajena, siempre concluye extraña e impregnada en un reflejo.
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